Me desperté al notar como algo se movía a mi lado, me giré rápidamente y vi a Justin sentado en el borde de la cama todavía medio dormido. Solo llevaba puestos sus calzoncillos negros de Calvin Klein y estaba pasando las manos por el pelo tratando de despertarse.
-Justin.. ¿qué haces? -solté una pequeña risa mientras él me miraba bostezando.
-¿Te he despertado? Lo siento.. solo iba a ducharme.
-No, está bien. Yo también necesito ducharme.
-Si quieres podemos ducharnos juntos, para ahorrar agua y eso..
Justin se acercó a mi con una mirada juguetona antes de besarme suavemente. Al principio fue suave y cariñoso pero después coloqué mi mano en su cuello para acercarlo más a mi y profundizar el beso. Nuestras lenguas se encontraron y gemí en su voca, como respuesta él se acercó más a mi cuerpo y trató de bajar la sábana que lo cubría.
-Justin ¡no! Es muy temprano para esto.
Noté su risa en mi cuello mientras yo trataba de apartarlo y agarrar la final tela de la sábana al mismo tiempo. Al final cedió y se separó de mi todavía con una amplia sonrisa sobre sus labios.
-De acuerdo, de acuerdo.. Voy a buscar algo para desayunar aquí ¿vale? Dúchate tú primero. -yo asentí y él se levantó de la cama, me envolví en la sábana y sentí su mirada sobre mi.
-¿Qué? ¿Tengo algo?
-No, nada. ¿Estás bien?
Lo miré sin saber a que se refería y asentí. Claro que estoy bien ¿de qué estaba hablando? En cuanto di varios pasos hacia el baño supe de que hablaba. Dejé escapar un gemido de dolor mientras agarraba con fuerza la parte más baja de mi barriga. Miré a Justin y lo vi riendo sobre la cama mientras se tapaba la cara con la almohada.
-Te odio. -mis palabras le hicieron dejar de reír y me miró muy serio.
-No, no lo haces.
-Oh, si lo hago. Olvídate de volver a entrar aquí.
Hice un gesto señalando mi cuerpo y él levantó las cejas con sorpresa por mi comentario. Me giré y me metí en el baño pasando el pestillo rápidamente. Escuché golpes de Justin en la puerta pidiéndome que abriera pero el sonido del agua lo silenció.
Pasé cerca de media hora en la ducha y luego volví a la habitación envuelta en una gran toalla. Por suerte mi maleta estaba allí y supuse que Justin la había traído. Busqué entre mi ropa y me decidí por unos shorts vaqueros altos y una camiseta blanca de tirantes que dejaba un poco de mi barriga descubierta.
Dejé mi pelo húmedo para que se secase con el calor de Miami y me maquillé con un poco de base, rimmel y eyeliner. No me gustaba arreglarme mucho por el día. Siempre he dicho que si una mujer tiene que sentirse bonita sin maquillaje porque todas de alguna forma lo somos.
Me calcé y salí de la habitación encontrándome con Justin apoyado en la pared de enfrente. Estaba vestido y tenía el pelo mojado y desordenado de salir de la ducha pero.. no se había duchado en nuestra habitación.
-¿Dónde te has duchado? -mi voz llamó su atención y su mirada subió desde el suelo para encontrarse con la mía.
-Ah.. le pedí a Will que me dejase ducharme en su habitación mientras tú estabas en la nuestra. No quería molestarte.. -noté tristeza en su voz.
-Justin, no me ibas a molestar. Nunca lo haces. -me acerqué a él y acaricié suavemente su mejilla.
-Pero.. estabas enfadada.
-¿Qué?
-Dijiste que me odiabas. -traté de no reírme porque podía ver la tristeza en sus ojos pero fue imposible y dejé salir una carcajada.
-No estoy enfadada y eso lo dije de broma. En realidad estoy muy feliz, tú me haces feliz Justin. -acaricié suavemente su mejilla y vi como la alegría volvía a sus ojos.
-Esa es mi meta en la vida ahora mismo: hacerte feliz.
Acortó la distancia que había entre nosotros y me besó, despacio y transmitiéndome todo el cariño que sentía por mi. Fue uno de eses besos con sonrisas incluidas y creo que, sin duda, eses son los más bonitos y especiales de todos. Nos separamos y nos dirigimos a la cocina con nuestras manos unidas, estaban todos los chicos allí desayunando y hablando. Suspiré y me preparé para lo que iba a venir.
-Oh, mira quien decide honrarnos con su presencia. -Michael nos miró sonriente mientras se recostaba en su silla.
-Cállate Michael, no empecemos. -lo miré con odio fingido.
-¿Han dormido bien los tortolitos? Porque nosotros no hemos dormido nada gracias a vosotros. Espera ¿cómo era? Ah si, algo como.. "mmm Justin, oh Dios, no pares.. Justin, Justiiiiiin". -Will intentó imitarme con una voz muy aguda que no sonaba para nada como la mía.
-¡Cállate William!
Lo miré amenazante antes de esconder mi cara en el pecho de Justin. Me moría de vergüenza y podía notar mis mejillas arder. Escuché risas por mi reacción pero aún así no dejé que Justin se apartara de mi, no quería que nadie me viese así.
-Chicos, no os paséis. -Justin intentó mantener su voz seria pero noté un pequeño rastro de diversión en ella.
-¡Y tú no te rías! La culpa es tuya. -lo empujé suavemente mientras cruzaba mis brazos fuertemente sobre mi pecho.
-¿Mía? ¿Yo que he hecho ahora?
-Por tu culpa yo estaba gritando y ellos me escucharon y ahora se ríen.. -puse mi mejor cara de pena.
-Nena, no me puedes culpar por ser demasiado bueno en la cama.
-Dios, eres increíble.
Pasé por su lado y salí de la cocina antes de que él pudiese atraparme. Corrí hacia la puerta del apartamento y salí al camino que cruzaba los jardines del hotel. Crucé la recepción del hotel tratando de no llamar demasiado la atención y sin atreverme a mirar si alguien me perseguía. Una vez que salí del edificio no conseguí dar más de dos pasos antes de que unos brazos se envolvieran en mi cintura.
Mis pies abandonaron el suelo mientras giraba en el aire. El olor de Justin me envolvió completamente y no pude evitar reír.
-¿A dónde crees que vas? -me dijo sonriendo mientras me dejaba de nuevo en el suelo.
-Solo quería ir a desayunar. -me encogí de hombros inocentemente.
-Entonces te acompaño.
Me agarró de la mano y empezamos a caminar, alejándonos del hotel. Encontramos una pequeña cafetería que estaba decorada con muebles en tonos pastel y muchas flores frescas que le daban vida y alegría.
Nos sentamos en una mesa iluminada por los rayos del Sol y pedimos lo que queríamos comer. Hablamos un poco de todo y mucho de nada. Justin no paraba de reír y yo podía ver la felicidad en sus ojos.
-¿Has tenido muchos novios? -me miró mientras le daba un mordisco a su tostada.
-Bueno.. formales solo dos, los otros fueron solo cosas de varios días.
-¿Y que pasó con ellos?
-Bueno.. con el primero salí solo unos meses, era demasiado pasteloso y agobiante para mí. -mi comentario lo hizo reír y yo reí con él- El segundo.. piensa que estoy muerta. -Justin se quedó serio y pálido.
-¿Eras su novia cuando ocurrió el accidente? -asentí- ¿Lo echas de menos?¿Has pensado en ir a verlo?
Me quedé en silencio varios segundos mientras pensaba en mi ex novio, en si lo echaba de menos o en si quería ir a verlo aún que fuese de lejos. Después del accidente me había prohibido a mí misma sentir para no tener que enfrentarme a todo ese dolor pero ahora estaba aquí pensándolo y noté un pinchazo de dolor y pena en mi pecho. Noté como Justin se ponía nervioso esperando mi respuesta.
-Yo.. lo echo de menos igual que echo de menos mi antigua vida pero nunca he pensado en ir a verlo.
-Está bien... quiero decir, es normal que lo eches de menos. Era tu novio y estabas enamorada..
-Yo nunca he estado enamorada, Justin. -bajé mi la cabeza para que mi pelo le impidiese ver el color rojo que teñía mis mejillas.
-Tampoco es tan bueno como lo pintan.
-¿Tú has estado enamorado? -lo miré sorprendida.
-Una sola vez. -noté el dolor en su voz.
-¿Qué pasó?
-Ella consideró que se merecía algo mejor que yo y no la culpo, no soy suficiente para nadie.
-Justin, no digas eso...
Intenté agarrar su mano por encima de la mesa pero la apartó y apretó fuertemente su mandíbula mientras miraba por la ventana. Suspiré y traté de relajarme. Estaba enfadada con esa chica que le había hecho pensar que no valía nada cuando es todo lo contrario y a pesar de que no quería admitirlo también estaba celosa porque él había amado a otra antes.
Pasamos varios minutos más en silencio hasta que él se decidió a hablar.
-Creo que deberíamos irnos. -asentí y lo seguí fuera de la cafetería una vez que pagó nuestro desayuno- ¿Quieres ir a pasear? no me apetece ir al apartamento.
-Justin.. no quería hacerte sentir mal antes, lo siento. -miré al suelo esquivando su mirada.
-No te preocupes, simplemente no me gusta hablar de ese tema con nadie.
-De acuerdo.
Pasamos toda la mañana paseando por la playa, agarrados de la mano y besándonos mientras nos contábamos cosas de nuestros pasados. Me contó historias de cuando era pequeño, se peleaba con Sky y siempre llevaba él la culpa. Una vez, jugando en el parque, Sky manchó el vestido de barro y dijo que Justin la había tirado al suelo y eso le valió un castigo de dos semanas.
Yo le hablé de Chris y de lo mucho queme cuidaba, de como siempre trataba de animarme o de cuando entraba en mi habitación a las 3 de la mañana y se metía en mi cama para consolarme porque me había escuchado llorar.
Pensar en Chris o hablar de él siempre me ponía triste pero con Justin no. Con él era imposible no sonreír. Después de una mañana entera paseando fuimos a comer a un restaurante con unas preciosas vistas al mar.
Eran increíble lo normal que parecía Justin cuando estábamos solos, no se parecía en nada al asesino letal que tan bien conocía. Sabía que llevaba la pistola escondida en la cintura de sus vaqueros pero nada en su forma de actuar te podría hacer pensar eso.
El sonido de su móvil me hizo dejar de pensar sobre él y levantar la mirada de mi trozo de tarta de chocolate.
-Es Andrew, dice que quiere vernos. Nos están esperando en un bar cerca del hotel.
-¿Ha pasado algo? -noté el miedo oprimiéndome el pecho.
-No creo, si fuese importante me llamaría unas cinco veces en 10 minutos pero solo es un mensaje así que puedes terminarte la tarta tranquila.
Hicimos el camino de vuelta al hotel agarrados de la mano, riendo y besándonos. Cualquiera que nos viese diría que eramos novios y estábamos perdidamente enamorados. Irónico porque nada de eso era verdad. O por lo menos yo creía querer que no era verdad.
Los chicos estaban esperándonos en un bar a unos 50 metros del hotel. Como siempre, estaban en la mesa más alejada y reservada de todas. Cuando nos acercamos a ellos noté como todas las miradas se centraban en la mano que Justin tenía en mi cintura pero él no la movió de allí sino que me dio un suave apretón seguido de un beso en mi sien.
-¿Cómo estáis chicos? Pensamos que ibais a mataros pero ya veo que nos equivocamos. -Andrew nos dio una mirada divertida mientras Justin se sentaba en una silla y yo sobre sus piernas.
-Sabes que podría matarlo si tengo que hacerlo, soy más fuerte que él. -flexioné los músculos de mi brazo y todos rieron.
-No sobrevivirías sin mí en tu vida. -"en eso tiene razón" la voz del fondo de mi cabeza me traicionó- ¿Qué querías Andrew? Para algo nos habrás llamado.
-Mañana tenemos una cena de negocios. Una muy importante.
-¿Qué? Dijimos que nada de negocios en este viaje, solo descanso. -Derek expresó los pensamientos de todos.
-Lo sé y lo siento pero no podemos negarnos a ir.
-Sí, claro que podemos. Di que no vamos a ir, mañana tendremos una cena en familia y pasaremos la noche juntos. -Derek se puso serio, realmente no le gustaban los cambios de planes.
-No puedo Derek. Tony Espinosa nos ha invitado a ir a cenar a su casa restaurante y vamos a ir, no hay nada más que hablar.
-¿¡Espinosa!?
Toda la banda gritó al mismo tiempo mientras yo me quedaba quieta mirando sin saber que hacer. No sabía de quien hablaba pero suponía que no era nadie demasiado bueno para nosotros.
-Estás loco si piensas que voy a llevar a Sky y a _____ a cenar con Espinosa. -noté como su agarre sobre mi cintura se apretaba.
-Justin.. él sabe que tenemos a dos chicas con nosotros. Nos han estado vigilando desde que pisamos Miami. Seguramente hoy os han observado durante toda la mañana.
Las imágenes de Justin sonriendo y besándome en la playa invadieron mi mente y sentí un escalofrío bajándome por la espalda. Lo miré y vi que su mandíbula estaba apretada y sus ojos más oscuros de lo normal.
-No van a ir, no hay nada más que hablar. -su voz era fuerte y segura.
-Tienen que ir. -Andrew no dio su brazo a torcer.
-Justin, escucha, yo puedo cuidar a Sky toda la noche y tu a _____. Vamos a estar con ellas en todo momento, no les va a pasar nada. -Bryan habló por primera vez desde que llegamos y sonaba calmado.
-Claro que puedo cuidarla pero no quiero que esté allí. No quiero que la vean, que le hablen, que la miren, que la conozcan.
-¿Por qué no?
-Porque no quiero que le hagan daño.
-Justin, mírame. -coloqué una mano en su mejilla y lo forcé a mirarme a los ojos- No me va a pasar nada, tú me vas a cuidar. Vamos a ir, cenar, hacer los negocios que tengamos que hacer y volver a casa sanos y salvos.
-No quiero que te hagan daño, no quiero que te usen para hacerme daño.
Se acercó a mi para besarme transmitiéndome todo lo que sentía en ese momento. Nervios, miedo, desconfianza y.. ¿amor? No, eso era imposible. Solo estaba asustado y yo también pero sabía que si me pasaba algo él me iba a proteger.
-Nadie va a hacerme daño mientras estés conmigo, sé que no vas a dejar que me hagan daño. -susurré en su boca tratando de convencerlo. Él asintió todavía con dudas.
-De acuerdo Andrew, tú ganas. Vamos a ir pero vamos a hacerlo a mí manera. A la primera tontería nos vamos de allí.
Todos asintieron dándole la razón y evitando otra discusión ya que era obvio que Justin estaba muy enfadado.
-¿Alguien me puede decir quien es ese tal Espinosa y qué pasa con él? -noté como todos me miraban y como Justin me acercaba aún más a él.
-Aquí no, nena. Ya hablaremos en casa. -simplemente asentí porque noté su voz demasiado tensa.
-¿Las chicas necesitáis ir de compras? -Derek hizo la pregunta con cara de no querer saber la respuesta. Mi mirada encontró la de Sky y ambas sonreímos.
-¡Yo me niego a ir con ellas!
Will levantó las manos indicando que se negaba a acompañarnos y Bryan, Derek y Andrew lo imitaron. Noté como Justin suspiraba con resignación mientras intercambiaba una mirada de pena con Michael.
-Nos ha tocado amigo.
Nos despedimos de los demás y salimos del bar para ir hasta el hotel y coger uno de los coches de alquiler que habíamos conseguido en el aeropuerto. Era la primera vez que iba a ir con Justin de compras desde el día de mi primera misión y no podía negar que estaba realmente nerviosa. Las cosas habían cambiado mucho entre nosotros desde entonces.
Para mi sorpresa no fuimos a un centro comercial, sino a una tienda que tenía pinta de ser muy exclusiva. Nada más poner un pie dentro me quedé embobada mirando los lujosos vestidos que colgaban de las perchas. Una dulce voz me devolvió a la realidad.
-Señor Bieber, un placer verte de nuevo.
Una pelirroja salió de detrás del mostrador. Llevaba un vestido blanco que se ceñía a sus curvas y llegaba hasta las rodillas junto con unos altos tacones. Tenía los ojos de un azul tan eléctrico que sospeché que eran lentillas. Sus labios estaban demasiado hinchados para ser naturales y sus dientes tenían un tono blanco artificial, aún así, era preciosa.
-Janett. -Justin le devolvió la sonrisa y yo cerré los puños con fuerza- Necesito tu ayuda.
-Claro ¿qué va a ser esta vez? ¿Un traje? Tú dirás.
-En realidad.. hoy estoy buscando unos vestidos para estas preciosa señoritas.
La dependienta nos miró a mi y a Sky que estábamos una a cada lado de Michael y simplemente asintió. No le hacía demasiada gracia que Justin estuviese allí por nosotras pero la ignoré y empecé a andar por la tienda.
Pronto me di cuenta de que no tenía ni idea de que vestido debía buscar para una cena con un mafioso así que simplemente me senté en un gran sillón blanco que estaba colocado frente a los probadores. Sky y Michael no tardaron en unirse a mí mientras Justin seguía dando vueltas por la tienda indicándole a la tal Janett que vestidos le gustaban.
Me pareció increíble que él pudiese entender algo de moda femenina pero sin duda lo hacía y sabía perfectamente no que le gustaba ver en una chica. Me pregunté cuantas veces había desnudado a esa dependienta y si que gustaba más verla vestida o desnuda. Noté como los celos apretaban fuertemente mi estómago así que deje ir ese pensamiento.
Janett pasó por delante nuestra con varios vestidos en su mano y los colgó dentro del probador. Justin se acercó al sillón y me hizo una seña con la cabeza indicándome que yo entraba primero y luego Sky. Suspiré y entré dentro del pequeño espacio cerrando la cortina detrás de mi.
Miré las prendas que estaban colgadas de los pequeños ganchos de metal y las examiné minuciosamente. Había un vestido blanco demasiado corto y con demasiada tela transparente, descartado. Uno verde botella con volantes ¿en serio pensaban que iba a ponerme eso?
Aparté varios vestidos más hasta que encontré uno de color champán. Tenía una manga larga y el otro hombro quedaba descubierto. Me lo probé y vi que marcaba mis curvas pero no era esa típica tela que te oprime y no te deja respirar. Me subí en unos tacones que la dependienta había dejado allí y me miré una última vez en el espejo antes de abrir la cortina.
Los ojos de los cuatro me recorrieron de arriba a abajo y noté como las palmas de mis manos empezaban a sudar por los nervios.
-Wow _____.. estás increíble. -Michael me dedicó su mejor sonrisa tratando de calmarme- Puedes dormir esta noche conmigo si quieres.
Me guiñó un ojo, cosa que me hizo reír, pero se ganó un golpe en el brazo por parte de Justin. Levanté las cejas mirándolo sorprendida por su reacción.
-Estás preciosa nena, ese vestido es un pecado puesto en ti..
-¿Queda muy bien una vez puesto, verdad?
Janett se acercó a mi e hizo que colocaba bien la tela para intentar llamar la atención de Justin pero los ojos de él no se separaban de los míos. Podía ver las ganas que tenía de meterse en el probador conmigo y sacarme él mismo el vestido. Lamió sus labios lentamente antes de hablar.
-Te queda genial pero no te lo vas a llevar.
-¿Qué? -fruncí el ceño sin entender a que venía eso.
-Estás demasiado sexy con ese vestido, no quiero que nadie te mire de esa forma. -su voz era dura y clara, no iba a llevarme este vestido.
-¿De qué forma?
-Como yo lo estoy haciendo ahora mismo.
Intenté ocultar mi sonrisa bajando la cabeza y usando el pelo como una cortina pero fue imposible. Lo miré y asentí dándole a entender que había ganado y volví al probador para cambiarme.
Mientras seguía buscando entre el gran montón de vestidos que tenía ante mi podía escuchar la conversación entre Sky y Justin. Ella le rogaba que le dejase comprarse el vestido color champán porque se había enamorado pero Justin se negaba rotundamente. Al final él cedió solo para dejar de discutir y yo lancé el vestido por encima de la cortina del probador escuchando la risa de Sky segundos después.
Encontré un vestido negro de una tela muy ligera, era largo hasta los pies pero tenía una abertura hasta la cintura en el lado derecho. Tenía un escote discreto y la espalda totalmente abierta y solo cruzada por dos finas tiras de tela.
Me lo puse y al momento me gusté, era un vestido recatado y con clase y supuse que lo suficiente tapado como para no atraer miradas no deseadas.
Cuando salí del probador Sky ya se había probado el vestido color champán y volvía a estar vestida con su ropa y sentada entre los dos chicos. Otra vez las miradas se centraron en mi pero me sentía mucho más segura, incluso hice un giro de 360º para darles una visión completa del vestido.
-¿Aprobado? -miré a Justin con miedo de que dijese que no, realmente me gustaba este modelo.
-Con un sobresaliente. Me encanta como te queda el negro.
-Lo sé.
Le dediqué un guiño juguetón mientras volvía a entrar en el probador para cambiarme. Justin le pidió a la dependienta unos zapatos que fuesen a juego con ambos vestidos y luego se empeñó en pagar todo él.
Al llegar al apartamento nos encontramos con los chicos en el salón viendo un partido de fútbol y Justin y Michael no dudaron en unirse a ellos ya que después de una tarde de compras necesitaban "cosas de chicos". Yo decidí ducharme antes de cenar así que colgué el vestido para evitar que se arrugara y me dirigí hacia el baño. Abrí el grifo y me desnudé, quedándome en ropa interior delante del espejo. Miré a la chica que me devolvía la mirada y descubrí un rastro de dureza que nunca antes había visto en mis ojos.
Mi conversación con Justin sobre mi antigua vida seguía repitiéndose en mi mente y por primera vez en varios meses bajé mis defensas y me dejé sentir. Noté como el el dolor se filtraba en cada fibra de mi cuerpo, sentí un vacío oscuro en el pecho que no me permitía respirar. Me invadieron los recuerdos de mis padres sonriendo mientras nos miraban a mi y a Chris abrir los regalos la mañana de navidad.
Cerré los ojos con fuerza mientras intentaba que el aire entrara en mis pulmones. Las imágenes seguían pasando ante mi como una película a cámara rápida. Intenté fijar mi mirada en mi reflejo en el espejo pero mi visión estaba rodeada de un halo de color negro, como si la oscuridad estuviese intentando atraparme. En ese momento me di cuenta, no era la oscuridad sino mis demonios los que querían cogerme. Querían tenerme en sus garras y destrozarme hasta robármelo todo.
Golpeé todo lo que estaba colocado sobre el lavamanos y el sonido de cristal roto resonó por encima del que hacía el agua al caer. Miré al suelo y mi vista se nubló con las lágrimas, me dejé caer de rodillas y moví mi mano sobre el suelo lleno de colonia.
Encontré un fragmento de cristal y lo agarré con fuerza en mi mano izquierda. Instantáneamente noté como los bordes se clavaban en mi carne y la sangre se escapaba de mi puño fuertemente cerrado. Mi respiración empezó a ralentizarse mientras miraba hipnotizada el líquido rojo que ahora manchaba mis piernas y el suelo.
La puerta se abrió y alguien pisó los trozos de cristal haciendo que estos chirriaran contra el suelo. No me atreví a mirar quien era porque me sentía muy avergonzada de que alguien me viese en ese momento pero no necesitaba mirar para saber que era él.
Justin se arrodilló a mi lado y sus brazos tatuados abrazaron mi cuerpo acercándome a él. Enterré mi cara en su pecho y dejé ir todas las lágrimas que llevaba meses aguantando. Lloré por la familia que había perdido y los amigos que habían llorado mi muerte. Lloré por la familia que ahora tenía y por que no podía darles todo de mí como se merecían. Lloré por el miedo que tenía a enamorarme de alguien y acabar más rota de lo que ya estaba. Justin simplemente se quedó allí, abrazándome y susurrando en mi oído que todo estaba bien, que todo iba a ir bien.
-Shhh, ya está cariño, ya está.. Tranquila, todo está bien. -besó suavemente mi pelo.
-Lo siento, lo siento muchísimo.. yo no quería hacer nada de esto, lo siento. -no me atreví a mirarle, en cambio miré mi mano ensangrentada.
-_____.. -noté que Justin se tensaba al ver la sangre pero mantuvo su tono de voz relajado- Nena escúchame, no va a pasar nada malo, yo estoy aquí para ti y para protegerte pero por favor, abre la mano. _____, por favor, abre la mano. -acarició mi mano con la suya- Hazlo por mi, por favor..
No quería hacerlo, mi mente me decía que me merecía sentir ese dolor por seguir viva cuando mi familia estaba muerta, pero mi mano se abrió dejando a la vista el trozo de cristal y los cortes que ahora adornaban mi carne. Justin apartó el cristal y me abrazó más fuerte aún que antes. En ese momento lo supe, haría cualquier cosa por él.
Pasamos varios minutos sentados en el suelo del baño, el único ruido que se escuchaba era el agua de la ducha y mi respiración cada vez más calmada.
-¿Me dejas limpiarte los cortes? -la voz de Justin era casi un susurro. Asentí.
Se puso en pie y me ayudó a sentarme en el borde de la bañera. Con cuidado echó agua sobre la palma de mi mano para limpiar la sangre seca que se había quedado pegada, después desinfectó las heridas y las vendó, sacándolas de mi vista lo más rápido posible. En ningún momento me atreví a mirarlo, ni siquiera cuando me llevó en brazos a la cama y me tapó con cuidado con una manta.
Justin volvió al baño para cerrar el grifo de la ducha y limpiar los cristales y la sangre del suelo. Yo abracé mis piernas bajo la manta tratando de hacerme lo más pequeña posible, quizá así pudiese desaparecer. Noté como se sentaba a mi lado en la cama y empecé a llorar de nuevo.
-_____, mírame. -acarició suavemente mi hombro y yo negué con mi cabeza.- Por favor.
-No quiero que me veas así. -mi voz era un susurro casi inaudible.
-No me voy a ir a ningún lado nena, voy a quedarme aquí para verte en los buenos momentos y en los malos así que deja de ser una cabezota y mírame.
Me incorporé un poco en la cama y lo miré mientras respiraba profundamente. En sus ojos no había nada más que cariño y comprensión y eso me hizo sentir un poco mejor y me dio el valor suficiente para hablar de lo que acababa de pasar.
-Lo siento, no quería romper todos los botes y armar todo ese desastre. No sé que me pasó, no dejaba de ver imágenes felices de mis padres y mi mente me decía que yo era la que debería estar muerta. Luego mi visión se volvió oscura y sentí la necesidad de hacerme daño. Nunca antes me había pasado esto.
-Me gustaría decirte que esto no va a volver a pasar pero.. no puedo. Yo todavía lucho con mis demonios día a día, yo y todos los demás. Muchas veces me he despertado en mitad de la noche con los gritos de Sky porque decía que había una persona encapuchada en su habitación diciéndole que se matara. He encontrado a Will llorando sentado dentro de la ducha con el cañón de la pistola apuntando a su sien y a punto de matarse. Todos estamos rotos _____, incluido yo.
Justin cogió mi dedo índice y lo pasó suavemente por la piel de su antebrazo tatuado, al principio no entendía que hacía pero luego lo noté: cicatrices. Decenas de cicatrices cruzadas unas sobre otras y tapadas con tinta.
-Yo nunca quise matarme porque tenía que cuidar a Sky pero pensé que me merecía sufrir de alguna forma porque yo seguía respirando mientras que las personas que me dieron la vida no. Antes solo tenía una razón para enfrentarme a mis demonios pero ahora tengo dos. -me miró a los ojos para asegurarse de que lo estaba escuchando- No quería hacer esto hoy ni así pero creo que es el momento oportuno.
Se levantó y se acercó a su maleta para rebuscar en ella y volver a sentarse a frente a mi en la cama con algo guardado dentro de su puño.
-Estoy roto _____, estoy jodido de mil y una formas. Tengo muchas más sombras que luz y conozco más el dolor que el amor. Mi estilo de vida ya me ha demostrado que no puedo amar ni ser amado como una persona normal porque no me lo merezco. Mis demonios me atormentan día y noche, intentan que solo sea el asesino a sangre fría que soy pero aún que a veces ganan, yo quiero ser algo más que eso. Casi todo lo que toco lo rompo y lo único bueno que he tenido en mi vida son eses chicos que están tan locos como yo y mi preciosa hermana pero luego apareciste tú, con tu preciosa sonrisa y toda esa fuerza. Me asustaste, me sentí débil y vulnerable cuando estaba a solas contigo. -dejó de hablar para tomar aire y mirarme pero yo estaba allí quieta con la boca abierta y sin saber que decir- Estás tan rota como yo y lo sé. Eres como un cristal afilado, me haces daño pero me mantienes cuerdo. Déjame ser la razón por la que luches todos los días.
Justin abrió una pequeña caja de terciopelo negro que contenía un anillo plateado, liso y de medio centímetro de ancho. Lo sacó con cuidado de la caja y lo sostuvo delante del dedo corazón de mi mano derecha.
-No puedo prometerte una vida larga y feliz ni puedo decirte que todos los días van a ser buenos pero puedo prometerte que voy a darte lo mejor de mi, que voy a protegerte con mi vida y luchar todos los días por ti. Eres la luz que ilumina mi mundo, antes de ti todo eran sombras pero ahora.. ahora hay esperanza. Voy a hacerlo mal, va a haber días en los que me vas a odiar pero esto es todo lo que te puedo ofrecer. No soy nada más, solo un chico roto y te ofrezco todos mis pedazos. _____... ¿quieres ser mi novia?
Tragué saliva con dificultad mientras miraba sus ojos dorados. No podía creerme que el chico irritante que me salvó de aquel coche en llamas ahora estuviese pidiéndome que fuese su novia. Recordé las veces que me quedé dormida llorando y deseando que fuese solo mío y ahora lo tenía delante de mi. Cerré fuertemente los ojos tratando de relajarme y lo miré transmitiéndole todo el amor y el cariño que sentía por él.
-Eres la razón por la que me he levantado todos los días durante estos dos meses. Incluso cuando estaba enfadada contigo o cuando eras un imbécil irritante.. seguía luchando por ti, esperando que este momento llegase algún día. -acaricié su cara suavemente con mi mano izquierda- Claro que quiero ser tu novia Justin y yo tampoco tengo mucho que ofrecerte pero sin duda esos pedazos de ti son todo lo que quiero.
Justin colocó el anillo en mi dedo y me besó con pasión, amor y felicidad. Mis lágrimas mojaban nuestras caras pero esta vez eran de felicidad y nos abrazamos durante varios minutos disfrutando del momento. Después me cogió en sus brazos y me llevó a la ducha, donde me desnudó para después lavarme con cuidado. Sus manos acariciaban mi piel como si fuese a romperme y sus ojos no trasmitían nada más que amor. Me sequé y me deslicé en una de sus camisetas anchas antes de meterme en la cama y abrazarme a su cuerpo.
No habíamos intercambiado ninguna palabra desde que le había dicho que aceptaba ser su novia pero tampoco necesitábamos hablar. Nuestros gestos, nuestras miradas, nuestros besos y caricias lo decían todo. Me quedé dormida sintiéndome afortunada por primera vez en muchos meses y sobre todo, segura en los brazos del hombre al que quería.
Cuando me levanté me di cuenta de que ese iba a ser un día muy largo. Al salir de la habitación vi a Derek y Will discutiendo a pleno pulmón en mitad del pasillo, Andrew estaba sentado en una esquina del salón comiendo el desayuno sin hacerle caso a nadie, Bryan y Sky hablaban en susurros en la cocina y Justin y Michael estaban haciendo flexiones en la terraza.
-...ríndete Bieber, sabes que te voy a ganar. -Michael hablaba con dificultad y su espalda estaba mojada de sudor.
Justin rió ante su comentario pero no se molestó en contestar. En cambio, ambos siguieron haciendo flexiones hasta que los brazos de Michael empezaron a temblar cada vez que lo levantaban y se dejó caer suavemente al suelo.
-Me debes una cena Mikey. -Justin se levantó y limpió su frente con la camiseta antes de sacarla y dejar a la vista su cuerpo perfectamente trabajado.
-¿Se puede saber que hacéis? -ambos me miraron sorprendidos por mi presencia.
-Michael dijo que me podía ganar a hacer flexiones y me apostó una cena. -Justin se encogió de hombros mientras me sonreía- No podía desperdiciar la oportunidad de cenar gratis.
-Ahora entiendo que grites tanto por las noches _____, este chico tiene una resistencia increíble.
Intenté golpear a Michael por su comentario pero él fue más rápido y entró dentro del apartamento. Traté de seguirlo pero unos brazos se envolvieron en mi cintura y mi espalda chocó contra el pecho sudado de Justin.
-¿Qué tal se ha despertado mi preciosa novia? -susurró con voz ronca en mi oído.
-Mmmm.. mejor ahora que te veo.
Me giré y rodeé su cuello con mis brazos antes de besarlo. Al principio fue un beso cariñoso pero poco a poco fue subiendo de tono y noté como sus manos se colaban por debajo de la camiseta ancha que llevaba puesta y ahuecaban mi culo.
-Nena.. -bajó su boca hasta mi cuello y le dio un pequeño mordisco- ¿te apetece estrenar la terraza?
-¿Qué? -me separé de él sin poder creerme lo que decía.
-Vamos, sé que tu también quieres.. -sus dedos se pasearon por el borde de mi ropa interior.
-Nos podría ver alguien Justin. -quería sonar seria pero me moría de ganas de hacer el amor con él, incluso en la terraza.
-¿Y no te pone eso? -chupó la piel sensible de mi cuello- Estoy seguro de que sí pero lo vamos a dejar para otro día.
Se separó de mi dejándome totalmente en shock y agarró mi mano para guiarme hasta el salón otra vez. Aclaró su garganta para llamar la atención de todos y las palmas de mis manos empezaron a sudar con miedo de que fuese a hacer lo que yo pensaba.
-Chicos, quiero deciros algo. -todas las miradas se centraron en Justin- Ayer hice una de las cosas más peligrosas y posiblemente valientes de mi vida, le pedí a esta preciosa y maravillosa chica que fuese mi novia y por razones que todavía no entiendo ella ha dicho que sí y.. bueno, estamos saliendo.
Justin me miró sonriente y yo lo abracé fuertemente mientras los chicos aplaudían y gritaban felicitaciones.
-¡Hora era! Quizá ahora tenemos que hablar de que os busquéis otra casa porque yo quiero dormir y si todas las noches van a ser como la del otro día..
Will fingió estar completamente serio pero no pudo aguantar la risa y todos nos unimos a él.
El resto del día lo pasé con Sky preparándonos para la cena que teníamos esa noche. Los chicos se habían negado a darme información sobre ese tal Espinosa y yo sospechaba que Justin no quería que me asustase y les había prohibido decir nada. Aún así conseguí sacarle algo a Sky mientras me estaba peinando y había descubierto que era uno de los mafiosos más importantes de Miami y las zonas cercanas. Controlaban la entrada y salida de drogas, armas y mujeres en la ciudad. El hecho de que trabajase con armas y drogas no era nada nuevo, nosotros mismos lo hacíamos, pero pensar que trabajaba con mujeres me hacía odiarlo sin conocerlo siquiera.
Después de un par de horas encerradas en el cuarto de baño salimos de mi habitación completamente vestidas ya arregladas. El color champan complementaba perfectamente el tono de piel de Sky y parecía una modelo de alta costura. Mi vestido dejaba a la vista el final de mi tatuaje y con cada paso que daba mi pierna derecha quedaba a la vista gracias a la abertura vertical que tenía la tela.
Durante todo el camino en coche Justin estuvo diciéndome lo preciosa que estaba, lo bien que me sentaba ese vestido y las ganas que tenía de llegar al apartamento y hacerme el amor. Nuestras manos estaban agarradas y yo no podía dejar de sonreír, me parecía increíble el cambio drástico que había dado nuestra relación en tan pocos días.
Andrew aparcó el coche y lo apagó, todos los quedamos en silencio durante unos segundos. Después suspiró y se giró para mirarnos a todos.
-¿Estáis listos para hacer esto?
-Lo más listo que voy a estar en mi vida.
Justin fue el primero en contestar y el primero en abrir la puerta y bajarse, yo lo seguí y él colocó su brazo sobre mi cintura pegándome a su cuerpo. Entramos todos juntos en el restaurante y un camarero nos dirigió hasta un reservado en el que había una gran mesa preparada ya para cenar. Nos pidió que nos sentáramos mientras esperábamos al señor Espinosa pero decidimos quedarnos de pie, preparados para cualquier cosa.
Cuando la puerta se abrió entró un hombre de unos 40 años, vestido con un traje negro y fumando un cigarrillo. Su brazo estaba rodeando la cintura de una chica rubia que nos miraba con superioridad.
Era Bella.
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